Acabo de llegar a Murcia, es la madrugada de un Martes libre, esta semana santa la pasaré aquí. La grabación continuará el lunes que viene en Madrid.
He venido a casa por varias razones:
- Necesito ver a mi familia de una manera periódica
- Necesito ver a los amigos que viven en Murcia de una manera periódica
- Murcia es preciosa en semana Santa y fiestas de primavera
- Antes de que mi proyecto se haga público necesito hablar de ello con mis padres.
Hoy me detendré en este último punto. Es la 1:26 y suena en mis auriculares "Yalda Im Tsamot" de la israelí Noa
Soy hijo de una madre maravillosa y un padre inmejorable. Siempre me han dicho que físicamente soy "clavaíto" a mi padre y soy igual que mi madre en su forma de ser. Ambos son personas extremadamente trabajadoras. Gracias a ellos hoy soy una persona independiente, les debo todo.
Mi educación ha sido admirable, precisa y consecuente con sus principios. Ellos vienen de una juventud en tiempos difíciles en los que estudiar una carrera universitaria era una vía innaccesible para una clase media maltratada por una España deprimida social, política y económicamente. A pesar de ello la inteligencia y esfuerzo de mi padre han permitido que hoy sea el máximo responsable de una empresa exportadora de especias; por otra parte el arte, dedicación y coraje de mi madre hicieron que fuera posible su sueño de ser profesora de danza clásica en el conservatorio profesional.
Llevo en la sangre el mundo artístico: mi madre, sus hermanos actores y mi abuelo Juan De Ibarra, actor de teatro reconocido en tiempos sin televisión y primer profesor de arte dramático de Murcia.
No había ningún melómano en la familia hasta que mis padres decidieron tener su primer hijo, mi hermano.
No había ningún músico en la familia hasta que mis padres decidieron en Junio del 84 tener su segundo y último hijo, yo mismo.
Considero que mi hermano tuvo un papel muy importante en mi fijación por la música. Él siempre ponía música en su radio cassette. He de decir que sus guston siempre han sido algo eclécticos, ponía en la misma sesión a Guns N' Roses, rap urbano o Michael Jackson. De todo aquello lo que más llamó mi atención fueron las melodías y los ritmos de Michael Jackson.
Jacko estaba en uno de sus mejores momentos ( principios de los años 90) y yo no pude hacer otra cosa que convertirme en uno de los millones de seguidores que llenaban sus habitaciones de posters de Michael. Recuerdo con especial cariño las largas horas en las que veía una y otra vez el video de su concierto de presentación del álbum " Dangerous" en Budapest. Enviadiaba a todas las personas que aparecían en el video disfrutando de aquel espectáculo. Desde mi sofá de casa pensaba que ulgún día Jackson vendría a Murcia y yo podría verlo tal y como había soñado tanto tiempo. En otro momento contaré algo en relación a este sueño.
Unos pocos años más tarde, cuando tenía 11 años, la hermana menor de mi padre me regaló una guitarra vieja que había estado siempre en casa de mis abuelos paternos. Recuerdo perfectamente aquel día. Yo nunca había tocado antes una guitarra y me metí a una salita donde la hermana mayor de mi padre empezaba a dormir la siesta. Estuve un buen rato, bajo su permiso, tocando las cuerdas de manera totalmente intuitiva y mi tía, al despertar de su descanso, me dijo que le había relajado mucho el sonido y que parecía que supiera realmente tocar la guitarra.
A partir de ese día la guitarra empezó a ser mi más fiel compañera. Recibí unas nociones básicas de guitarra en una peña huertana de mi barrio ( Vistalegre). Las clases eran los viernes por la tarde y mi padre siempre me acompañaba para después recogerme; él no sabía, ni yo tampoco, que de esos primeros meses luego derivaría una pasión firme y fiel por la música y la creación de canciones.
A la edad de 11 años el resto de niños de mi escuela dedicaba su tiempo a jugar, ver la televisión y esas cosas mientras yo pasaba horas y horas encerrado en mi habitación cantando y tocando la guitarra de una manera intuitiva e inocente; inventaba mis primeras melodías y creaba un mundo paralelo de historias de amor y realidad.
Recuerdo también a la perfección el día que entré a la habitación de mi hermano y descrubrí un cassette grabado con un rótulo verde sobre una pegatina blanca que decía " Pedro Guerra. Golosinas ". Yo siempre he sido un goloso y el título de aquel cassette llamó mucho mi atención. Cometí el genial atrevimiento de ponerlo en el radio cassette y fue entonces cuando se abrieron todas las puertas, todas, de mi sentido musical. Pedro Guerra entró en mi mundo a una edad temprana, una edad en la que apenas tenía desarrollados otros sentidos. Su manera de cantar, contar historias y tocar la guitarra me seduejeron de una manera importante, de una manera irreversible.
Después vino el coro de Capuchinos ( mi colegio). Arriba puedes ver la foto, que encabeza este texto, en la que salgo con unos mofletes importantes tocando la guitarra de la que hablaba hace unos minutos. Yo tenía unos 13 años y ese fue un concierto inolvidable: cantábamos canciones de cantautores como Rosana o Javier Álvarez y versiones de temas como Blowin' in the wind de Bob Dylan. No era un coro al uso. Lola era nuestra profesora de coro; ella nos enseñaba a cantar en polifonía y sabía que lo mío con la música era entusiasmo y potenció , algo que siempre agradeceré, mi interés por la música, la guitarra y el canto. Nos dividía en voces agudas ( ropa roja), medias ( ropa blanca) y graves ( ropa azul) y transmitía un mensaje de unión por y para la música. Eran mis primeros conciertos y junto a Lola me encargaba de apoyar las voces con acordes de guitarra. Con el coro hice muchos conciertos en mi ciudad; ¡ hasta fuimos a cantar a colegios de Sevilla!. Era feliz. Era libre.